30 de marzo de 2007

Emición Desnuda (II)

Somos emoción desnuda.
El vértigo. El disfraz. El vapor.

Somos un segundo de vida.
Un minuto de muerte. Un año de ventisca.

Somos el abrazo eléctrico.
La sal. La resaca. La primavera.

Somos la música callada.
El acorde sordo. La melodía infinita.

Somos la trilla de agosto.
El calor de la piel. El manantial hecho sexo.

Somos la mirada inquieta.
El espejo de praderas eternas. El destello de luz que ciega.

Somos el instante marchito.
El fusil descargado. El disparo sangriento.

Somos sin habitar.
Sin ser. Sin ti.

Somos emoción soñada.
De una noche. De un momento. De un amanecer.

Emoción Desnuda (I)


Foto tomada durante un viaje escolar en el inicio de otra primavera

Carnicero Musical

Sé que me puede la pasión. Sé que aún pervive mi espíritu de grupi en celo detrás de su artista de moda. Sé que soy excesivamente subjetivo cuando hablo de Quimi Portet… Pero sé, que es el músico más eternamente grande que existe en este país. Dicho esto, no voy a dejar de exaltar mis mejores elogios sobre el nuevo disco de este astro intercomarcal, “Matem els dimarts i els divendres” (matamos los martes y los viernes), así que quién se haya planteado leer este artículo como una crítica imparcial y depurada, que sepa que no, estas palabras son un auténtico panfleto por y para la propaganda de este artista.

Como le caracteriza tras su separación de El Último de la Fila, sus discos no paran de indagar en su universo surreal y vanguardista, reinventándose continuamente para ofrecer sonidos diferentes en cada una de sus obras. En oposición a su anterior e irreverente trabajo, “La terra és plana” (toda una declaración de intenciones), en el que desglosaba parte del santoral y llamaba a las tribus con el peculiar sonido de timbal, a la vez que destrozaba sus manos en los rasgados de guitarras; “Matems…” ofrece un sonido limpio y depurado en el que sobresalen las guitarras acústicas puras y arpegiadas, sobre melodías sugerentes que tienen el sello indiscutible del autor. Aún así, Portet no deja escapar su ironía y regala letras milagrosas en todas sus canciones, como la que inspira el título del disco, que como ha confesado el músico la sacó en una de sus visitas a una carnicería.

Ya me gustaría a mí probar los psicotrópicos que consume este hombre, porque a buen seguro no deben defraudar como no lo hacen sus LP. Como ya hiciera en “Cançoner electromagnètic”, Portet ha compuesto, interpretado y producido en su integridad todo este nuevo disco, grabándolo también en su propio estudio. Sin duda, el control que tiene sobre todo el proceso creativo le hace obtener una obra absolutamente personal, y en la que se permite hacer y deshacer lo que le venga en gana. Bien es cierto que hay que ser un “ex-” para permitirse ciertos lujos, un ejemplo lo tenemos en el tema de arranque del álbum “bum bum bum”, que no termina de ser una gracia de colegas a las que ya nos tiene acostumbrado, pero… en fin… No iba a criticar. Recordando a los antiguos discos de los 60, la duración de las canciones deja ganas de más, si bien la mayoría de los temas ronda los dos minutos, especialmente en temas potentes como “Aparteu les criatures” que pide a gritos que continúe su guitarra eléctrica.

Realmente alejado de las tendencias de su antiguo compañero de formación musical, Portet demuestra que no hay fórmulas mágicas en su música, principalmente porque nunca la has tenido, y en cada ocasión se aleja del paso dado anteriormente aportando algo nuevo a su carrera y a este género menor que es el pop-rock.

Disfruten del mejor solomillo de este carnicero musical.

26 de marzo de 2007

Inercia

El tiempo nos lleva. Nos hace efímeros y fugaces. Sin darnos cuenta se bebe los años, y nos deja una copa vacía para emborracharnos. Un flujo maldito que nos hace presos de nuestra propia felicidad, y nos da por resaca los años gastados. Suena el clic con obturación 5.000, y nos devuelve a la luz de otros años, al negativo reverso de la realidad. Un instante. Un momento. Una máquina de recuerdos para activar el engranaje de la memoria. Pero pronto se olvida. Los sueños, los anhelos, se van sin despedidas, con la conciencia tranquila de que ya nadie le preguntará cómo y por qué. Y así seguimos follando, sin pasión, sin alma, sin vida. Esclavos de nuestro propio sexo. Atados de por vida a la masturbación portátil, al semen que quita la sed de la impaciencia pero que no la colma. Ahora cierro los ojos y puedo ver el futuro, como un prestidigitador televisivo, como un anuncio que explora el alma. Todo es igual que hoy, y nada es diferente a mañana. Suena la música, y la instrumentación se hace intensa. Con el contrabajo me pierdo en su mástil sin fronteras. La voz es rasgada, y me invita a cantar “It´s more than rain”. Mi espíritu de perdedor se enajena, pero quiere seguir perdiendo. El metálico acordeón se va con la lluvia, y mis palabras se agitan en la coctelera y llenan una copa cónica de un estupendo Dry Martini. Lo bebo, y afirmo que su inventor tuvo que ser un prodigioso borracho, mejor aún, un lúcido y angustiado borracho. La aceituna se hace apetitosa, y ayuda a pasar el afilado licor. Ahora muero por dentro, me desangro entre praderas rojas, me ahogo entre lavanderas marroquíes limpiando ropajes en un río claro y puro. Parece que llegó la calma. El sonido del agua se va por mis venas y riega mi alma salvaje. Todo es textura fílmica. Todo es silencio.

Ya nadie es inerte.
Ya todo es inercia.

El Eslabón Perdido

Que Radiohead ha sido la banda que ha revolucionado el decrépito rock de los noventa, eso es indiscutible. Que discos como “Kid A” o “Amnesiac” son realmente sublimes y han sembrado los parámetros de lo que es un nuevo planteamiento en los postulados de la música popular, es otra evidencia. Que han sido influencia de posteriores grupos, sirviendo como punto de inflexión entre dos épocas, es otra reflexión que creo acertada y exacta. La gran pregunta es… ¿Por qué no se ha continuado con el camino abierto por la banda de Thom Yorke en un sentido público? O mejor, ¿Por qué no se ha constituido una nueva generación iniciada por los Radiohead?

Beatles, Rollings o Creadence, en su momento, sembraron las bases sobre las que ha girado la música pop – rock en prácticamente todo el planeta. Con más o menos acierto, su influencia fue derivando en estilos y tendencias musicales que hoy aún se mantienen vigentes en bandas como Belle & Sebastian o Blur, así como formaciones patrias como La Buena Vida o La Habitación Roja. A esta popular insurrección, le seguirían otras muchas tendencias y estilos, desde el determinante glam abanderado por Bowie, a la psicodélia de Pink Floyd, pasando indudablemente por bandas de corte más duro como la maravillosa Velvet Underground, Led Zepellin o Ramones. Todos construyeron una generación dorada y añorada, que hoy provocan un cierto hastío entre el público más vanguardista.

Quizá la nostalgia de estas bandas obsoletas, sea uno de los motivos que no nos permita vislumbrar con la intensidad necesaria a los nuevos creadores que nos acontecen. Mientras que hace escasamente unos años íbamos a pasar la tarde a una tienda para intentar descubrir las novedades existentes en el mercado, hoy los buscadores de Internet nos proporcionan de forma gratuita la música introduciendo las palabras claves a la búsqueda deseada. Pero… ¿Cómo considerar a los integrantes de esta nueva generación de músicos que obtienen su mayor difusión a través de un servidor de descargas musicales? ¿La primera generación de la red? ¿La generación tecnológica? ¿La generación sin generación?

Hoy podemos encontrar innumerables tendencias, a cual más dispar y exuberante. Músicas de cualquier rincón del mundo, una gran gozada para cualquier público. Sin duda, liberalizar los aranceles culturales es siempre bueno, pero corremos un peligro con todo esto. La suma de muchos colores acaba formando el negro, un negro difuso que nos deja degustar la pigmentación de las distintas tonalidades que se funden. Creo que hay que estar abierto a todo lo que podamos encontrar por el ciberespacio, sin embargo, también creo que estamos dejando de degustar cosas realmente interesantes por el ansia de querer abarcarlo todo. El IPOD es un gran avance en las técnicas de almacenamiento y de escucha musicales, sin embargo, en ciertas ocasiones pretendemos llenar de gigas nuestro reproductor sin pensar que los gigas son sonidos, melodías y en definitiva, sentimientos en clave de Sol que hay que interiorizar y adecuar a nuestro esquema mental.

Lo bueno que había en la década de los 60 y 70, además de la propia música, era la identificación que se daba gracias a la repercusión provocada por medios de comunicación como la radio. Hoy las actuales radioformulas, no dejan de vendernos basura y de exprimir los éxitos de ayer, haciendo los 60 un cliché infumable y de “la movida madrileña” una pesadilla inacabable. Así, si te pica la curiosidad, tan sólo te queda un papel y un boli para apuntar lo que te pongan en Radio 3, y descargarte lo que puedas a través de Internet. Claramente el proceso de recepción e intercambio musical ha cambiado, pero los motivos por los que no hay una definición o etiqueta con la que comercializar nuevos productos se desconocen. El cambio social nos ha aislado físicamente, y por el contrario nos ha interconectado a través de un PC. Quizá seamos más libres así, y seguramente estemos viviendo un momento realmente dorado, que desde mi entender lo es, sin embargo, a mi me da la sensación de que nadie se está enterando de lo que pasa. Tenemos la oportunidad de asimilar nuevas concepciones musicales y nos dedicamos a acaparar. Vivimos en una constante permutación de sonidos y esquemas armónicos, y lo único que parece realmente nuevo y bueno es lo ocurrido hace 30 o 40 años. Tenemos la oportunidad de compartir todo lo que tengamos en nuestros discos duros con todos, y el todo está diseminado por las entrañas de la red sin ser capaces de sesgarlo adecuadamente. Esta claro que algo falla.

Parece que estemos sumidos ante un eslabón perdido en la cadena evolutiva de la socialización y sensibilización musical. Resulta claro que existen intereses en no comercializar ciertas tendencias que a buen seguro acabarían ahondando en la población. Es más fácil tener idiotizada a la gente, que hacerle pensar para avanzar en sus concepciones culturales, e indefectiblemente vitales. Un buen ejemplo lo tenemos en la publicidad, dónde escuchamos muchísima música muy alejada de los circuitos comerciales, y generalmente al target receptor les queda gana de seguir escuchando el tema del spot. Todo evoluciona, y si los grandes imperios de la comunicación nos dejan, la música mostrará el cambio que se ha desarrollado desde que decidieron que no interesaba mostrar más. Puede resultar absurdo, pero quizá necesitemos aunar esfuerzos bajo una etiqueta, para hacer ver a los mass media que no somos tan tontos y manejables como nos pintan. Tarde o temprano se definirá la revolución silenciosa que el mundo de la música está experimentando, hasta ese día seguiremos disfrutando cada uno en nuestros casas de lo que pasa.

… Sólo pretendía escribir un artículo sobre el disco de Thom Yorke en solitario, “The Eraser”. Me da pena que se quede en un gusto de unos pocos.

26 de febrero de 2007

Mudanza

Ayer cambie mi vida de dirección. Llené cajas vacías con discos, libros, accesorios informáticos, fotos… Utensilios que van de un lado a otro sin ningún parecer, absortos del nuevo destino que les espera. La cruel nostalgia se embala con las alegrías y tristeza del pasado que ya no va a volver. Un equipaje cargado de recuerdos, de otras vidas que forjaron su peso. Es difícil cerrar puertas, darle un zarpazo a lo que has sido, y a lo que seguramente vas a seguir siendo, a lo que te arrancó el corazón y se quedó con él. Pero el que fue tu hogar se queda ahí, vacío, callado, como pensativo, como ansioso de saber quién será el próximo que acudirá a la llamada de un cartel titulado, “Se alquila”. Sus paredes buscan un nuevo inquilino, pero en ellas, el vapor de la humedad destila en ginebra los sueños de su pasado, combinando con risas el amargo sabor del tiempo. Un tiempo frágil. Una frágil sonrisa. Una sonrisa que se convierte en lágrima. Una lágrima que reivindica una despedida. Hay despedidas que se dan con abrazos, pero hay abrazos que son invisibles y permanecen en la memoria como un resorte infinito. Sólo puedo llega a una conclusión, hay que abrazarse mucho.
Es cruel hacer mudanza, más aún cuando dejas cosas que no vas a volver a recuperar.

23 de enero de 2007

Con la Mirada Perdida en el Horizonte

Continuamente interactuamos con experiencias y sensaciones que nos llegan a mostrar lo que en líneas generales parece que es la realidad, aunque lo único realmente cierto es el tacto con las vidas, que nos dan el punto de giro con el que dar vueltas y no marearnos. Este universo cíclico se activa totalmente cuando introducimos otro elemento más, el de la memoria. Recordar nos hace regresar, y cuando ya hemos vuelto, regresamos. Esta espiral infinita es la que hace que con la madurez estemos más cerca de las cosas sencillas. Algo complicado en los días que corren, más aún cuando estamos al borde de la deshumanización más absoluta. Hoy, charlar con la vecina se ha convertido en un milagro, dar los buenos días un suplicio, y sólo se nos encoge el estómago durante el instante que pasa a nuestro lado una ambulancia. No se trata de educación, sino de distancia. Cada día cerramos más fronteras entre los hombres, se erigen banderas de nosotros mismos para hacer de nuestra patria el lugar dónde pisan nuestros pies.

La actualidad nos vende toda clase de inventos sofisticados para ser más libres o autosuficientes, pero éstos no hacen más que condenarnos a la dictadura del consumo. Nuevas tendencias que nos ofrecen toda clase de adelantos, pero aún ninguno de ellos ha conseguido la meta principal y más deseada por el ser humano, la de la felicidad. El medio rural con su supuesto atraso en materias fundamentales en la concepción del mundo moderno, ha conseguido ganar una gran batalla a la ciudad, la de las personas. Cualquier vecino de un pueblo en vías de desarrollo, abre su puerta para hacer de la conversación la herramienta con la que interpretar la vida. Este utensilio ni se compra, ni se vende, sólo se palpa. Su utilidad es milenaria, y la garantía no es necesaria sellarla porque no tiene caducidad.

Este es un valor seguro y en alzo en los tiempos que corren, y es necesario tasarlo y respetarlo como ejemplo para nuestras vidas. Sólo es necesario saber mirar para darse cuenta que ya no somos lo que queríamos ser. Nunca he querido abrir los ojos, sin cerrar antes cualquier tipo prejuicio a mi visión. Quizá, esta apreciación pueda tener un ápice de sensatez dentro de un contexto periodístico, pero nadie es más ciego que el que no ve, o mejor, nadie ve menos que el que se que queda esperando a saber cómo serían las cosas, por eso hay levantar la cabeza y observar sin tapujos lo que nos rodea. Nunca es tarde para perder la mirada en el horizonte de la sencillez… Y lo mejor, es gratis.

Inocencia sin caramelos


¿Quién no ha perdido la virginidad? ¿Quién no sabe leer? ¿Quién no se ha roto su corazón en pedazos? ¿Quién dejó de escuchar sus sueños? ¿Quién no se ha dejado llevar por la música? ¿Quién no se ha tirado un pedo en público? ¿Quién no ha sido un criminal alguna vez? ¿Quién no ha hecho un viaje iniciático? ¿Quién es Tom Waits? ¿Quién es Picasso? ¿Quién no ha desperdiciado su dinero? ¿Quién no ha pensando en desperdiciarlo? ¿Quién no ha sido un cobarde? ¿Quién no se droga? ¿Quién no se ha equivocado sin marcha atrás? ¿Quién no ha hecho la “marcha atrás”? ¿Quién no ha querido ser otro? ¿Quién no ha pensado en los demás? ¿Quién ha sido libre? ¿Quién lo ha conseguido? ¿Quién es feliz? ¿Quién no ha estado en Sicilia?

Los Aviones (II)

Es tarde y se hizo de día, menos mal que está nublado. Se acabó, todo lo que había, hoy queda un cigarro mojado. Porque quiero dormir y soñar con ella, mientras por afuera pasan los aviones... No quiero que se termine. No quiero que me abandones.

Andrés Calamaro

Los Aviones (I)


Bajo mi techo pasan aviones a todas horas. En todas direcciones. En todas las alturas. Nunca llego a alcanzar sus alas. Me cuelgo de su estela para perderme en sus residuos. Su veneno es mi paz. Su sonido, la música. Viajo hacia destinos imaginarios, como pasajero de un vuelo invisible, como turista sin postal de su destino. Herido por sus turbulencias. Sin paisaje que fotografiar. Sin recuerdos que borrar. Entre los cortinajes se distingue el perfil de Sicilia, o quizá Malta. Nunca he estado en estos lugares. Nunca he sufrido de alucinaciones clandestinas. Me abrocho el cinturón. Me agarro a mi angustia. Tengo ganas de gritar, y lo hago. Vomito sobre mis pantalones. Todo es verde. Nada es nada. Ahora vuelvo a remar sobre las nubes. Su densa capa me escupe el frío de la altura. Un triste tango de Gardel me acompaña a lo lejos. El carnaval del mundo sobre mis pies automáticos. La azul oscuridad sobre mis manos de barro. La soledad en mi piel. Mis lágrimas lloran su duelo. A todas horas veo aviones sobre mi cabeza y me pregunto por el milagro de volar. Algún día iré subido en alguno de ellos… Puede que me duerma.

24 de noviembre de 2006

Fe de erratas (I)

Lo primero pedir disculpas a mis intrépidos “lectores” por mi indisciplina literaria. Son las cosas del tiempo y el espacio, que hacen que mi vida corra en estas semanas a una gran velocidad.

Lo segundo manifestar un error garrafal existente en uno de los últimos textos publicados, “Reciclaje”. En él menciono al lamentablemente popular Garrote Bill. Gracias a la sabia rectificación de uno de mis compañeros de viaje vitales (ha sido tan discreto que no ha querido publicar comentario alguno), me hizo caer en la cuenta de que dicho aparejo de matar no es Bill, sino Vil. La diferencia y significación son obvias.

Sirva de excusa, y entono cánticos y oraciones para subsanar estas faltas. Espero que encuentren un hueco en sus almas de pecado, para rezar por mi culpa, mi gran culpa.

Amén.

9 de noviembre de 2006

Ley de Conservación del Dinero

“La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”… Este fenómeno es lo que se denomina como Ley de Conservación de la Energía. Así, podemos entender como una gota de agua se puede convertir en vapor, o cómo el agua que mueve el aspa de un molino moltura los granos de trigo. Continuamente interactuamos con energías, sólo que a veces su reconversión depende de intereses plenamente mercantiles. Un ejemplo de esto lo tenemos en la que será, a buen seguro, la crisis definitiva del siglo que avanza: El cambio climático.

La lucha de diferentes colectivos ecologistas por el calentamiento global de la tierra, concretamente por el estricto cumplimiento de los acuerdos alcanzados en Kioto, han sido un duro caballo de batalla del cual han salido linchados sin ningún tipo remordimiento por parte de la opinión pública. Por el contrario, un informe lanzado por el Gobierno Británico, concretamente por el ex - economista del Banco Mundial, Nicolás Stern, ha puesto sobre las mesas financieras un conflicto que se mantenía en el subterfugio de las agendas políticas. Parte de las anotaciones que apunta este “filósofo” de la aritmética económica, es que las pérdidas serán irreversibles para las economías mundiales si no se hace frente a esta debacle desde ya.

Nos encontramos ante la demostración de cómo el calentamiento global de la tierra ha pasado a tener otra posición en los sectores del poder mundial. La postura ahora es: Si el cambio climático va a causarnos pérdidas económicas, transformemos el problema en negocio para alcanzar réditos con él. Es lo que se podría denominar “Ley de Conservación del Dinero”. Quizá esto pueda valer para solucionar el problema a corto plazo, sin embargo no lograría cerrar la brecha abierta entre el poder monetario y el poder de la naturaleza. Resulta escrupulosamente lamentable que la articulación de los finos hilos de las divisas mundiales, mueva a los hombres a tomar partida en la defensa y conservación del mundo. En este teatro de títeres sin gracia hay un claro perdedor, y no es otro que la especie humana y los ecosistemas que aún hoy (y repito lo de “aún”) interactúan con él.

La solución empieza en tomar conciencia del problema desde nuestra responsabilidad de integrantes de este planeta. Sustituir el coche por la bicicleta, así como intentar ahorrar en el consumo energético de luz, agua y combustibles de nuestros hogares, pueden ser una primera premisa para activar nuestro particular vía crucis de descontaminación. El resto les toca a los empresarios y dirigentes mundiales… Tarea difícil en los tiempos que corren… Pero no imposible.

6 de noviembre de 2006

Reciclaje


El ser humano tiene una capacidad innata para reciclar, el problema es que no lo hace con lo que debe. Lo que parecía podía ser una buena opción para hacer justicia y poner a un dictador dónde se merece, se ha terminado convirtiendo en un bochornoso ejemplo del desafuero de la especie más animal. La condena a muerte en la horca de Sadam Husseim, nos devuelve a un pasado guardado en los baúles más secretos de algunos nostálgicos. Y para nostalgias (que no las del bolero), estaba el deficiente mental de Bush (que me perdonen los discapacitados psíquicos), afirmando sobre la sanción de su preso favorito “que era un buen día para la humanidad”… Puestos a pedir, y ya que se abre la caja de los arbitrariedades más extremas, podíamos haber apostado por una guillotina, que es más revolucionaria, o un garrote bill, que junto con el submarino de Isaac Peral han sido dos de los inventos patrios que han contribuido a sembrar un poco más odio en el mundo. Otra de las cuestiones que cabe preguntarse es si llamarán otra vez a algún antiguo verdugo, porque quizá ya nadie ajuste el nudo al punto de máximo sufrimiento. La crueldad se hace insufrible cuando se vuelve a caer en los mismos errores. “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, prefiero dar la vuelta a este ripio popular y decir que “las piedras no están en el camino para tropezar, sino para esperar que llegue un animal y se la tire a un hombre una o las veces que hagan falta”, así probaremos de nuestra propia medicina.
Quizá el maestro Berlanga tenga historia aquí para reciclar (revisar en términos culturetas) su clásico cinematográfico, so pena que el gran Isbert se jubilara de su negro oficio carnicero. Hizo bien, puede que otra vez le hubiese tocado salir a la palestra.

31 de octubre de 2006

Homenaje al Gin Tonic

Siempre he dicho que mi primer Gin Tonic fue el primero de los síntomas en el pude apreciar que la madurez estaba a punto de llegar. Su amargo y dulce sabor eran una metáfora representativa de lo que acontecería la vida a partir de ese momento. Así, para combatir y celebrar las tristezas y alegrías, nada mejor que una copa de este maravillosa brebaje. Beberse el futuro de un tirón, que tus sueños e ilusiones se reduzcan a una copa de balón blanca y burbujeante, con el contrapunto bien medio de una o varias rodajas de limón, es posible gracias a esta combinación casi perfecta. Desde el memorable día en el que conocí este néctar, me ha acompañado en momentos refrescantes y digestivos, y a veces en éxtasis de insultante felicidad gracias al delirio que da su ingesta en grandes cantidades. Los maestros de la sabiduría popular tampoco dejan de lado el Gin Tonic. El periodista, escritor y poeta malagueño Manuel Alcántara no puede vivir sin él, de hecho se siente condenado a importantes dosis diarias para no frenar su capacidad literaria; o qué decir del gran Leonard Cohen, que ha destilado con los años su voz gracias al placer de la seca ginebra. Amigos, tómense una a mi salud, y aflójense (esto lo dejo abierto a que cada uno se afloje lo que quiera), y si pueden, la próxima vez que nos veamos, me invitan a una.

Ingredientes:

- Ginebra (destilada a ser posible).
- Tónica.
- Limón: exprimido y rodaja de cáscara.

Elaboración:

Servir preferentemente en copa de balón. Llenar de hielos y derramar sobre ellos un chorreón de limón natural. No vale estrujarlo antes en un exprimidor (no me preguntéis por qué, pero no sabe igual). Restregar una rodaja de cáscara del mismo cítrico por el filo del vaso, y tirar en el interior. Verter la ginebra (al gusto). Verter la tónica en forma circular para hacer que burbujee lo máximo posible. Ingerir. Disfrutar.

Ideas absurdas (I)

Hay silencios que habitan en las palabras, por eso hay palabras que no dicen nada.

30 de octubre de 2006

Entre Ray Loriga y la Nieta de Franco


El zapping te puede llevar a extremos sensoriales realmente inquietantes. Desde lo irresponsable y nauseabundo de muchos de los programas que hoy rompen los audímetros, a los espacios para intelectuales en los que se esfuerzan por hacernos entender lo moderno que es “Amnesiac” de Radio Head, o lo grande y actual de una película como “El Apartamento”de Billy Wilder. Y es que el mando a distancia nos depara estas cosas, las ondas nos dan a elegir entre un pálido Ray Loriga entrevistando a su más pálida mujer, o a la nieta de Franco bailando enloquecidamente con todo su arsenal de carnes flácidas. La distancia que separa uno de otro producto, es mínima, un movimiento de dedo hacia uno u otro sentido, pero ¿Cuál elegir? ¿Por qué de la elección? La televisión es entretenimiento, y evidentemente, divulgación, por ello hay que ofrecer al espectador algo que le lleve a evadirse constructivamente. Parece evidente, pero esta percepción queda muy lejos para los programadores televisivos, que se empeñan en saturarnos de copias imposibles de formatos más que gastados. Sinceramente, y siguiendo con los ejemplos propuestos, las tertulias intelectuales son interesante a la hora del té y con amigos, formar a base dogmatizar de qué es bueno o que no, muestra un rancio espíritu unilateral que no aporta nada a la construcción mental de la gran mayoría de públicos; por el contrario, tampoco lo es ver cómo famosetes de medio pelo se llenan la saca haciendo el ridículo durante un rato, o despotricando contra otro con todo el odio y la violencia en su gesto. Creo que existe un punto medio en el que todos podemos estar delante del televisor sin estar cruelmente globalizados, como ocurrió en la primera edición de Gran Hermano. El tratamiento de la realidad en la que vivimos desde otros puntos de vistas (siempre omniscientes), reírse de la actualidad, o tan sólo difundir lo que a todos nos interesa en cuanto a ocio o problemas e inquietudes sociales; pueden ser un buen punto de partida para dejar de idiotizarnos delante de la gran pantalla. Pongo ejemplos: espacios televisivos de divulgación científico – cultural como “Tesis” (Canal 2 Andalucía) o “Redes” (TVE 2), formatos de entretenimientos como “CQC” (T5) -yo también añoro la impronta de Wyoming, y la sátira de sus anteriores guionistas-, la mezcla de entretenimiento y formación de “La Noche Temática” (TVE 2), series de ficción en las que no todo el mundo es feliz o no hay sangre derramada gratuitamente como “Mujeres” (TVE 2), o programas que nos adentren en realidades socioeconómicas diferentes a las que consumimos habitualmente como “Solidarios” (Canal Sur TV), son algunas de las pinceladas de las que podría llenarse nuestra televisión. No digo que espectáculos como el de Operación Triunfo (T5) no tengan su espacio, que dicho sea de paso es un gran programa, pero creo que en ellos se endulzan valores que llevan a fomentar una sociedad irreal y condenada al más absoluto de los fracasos (precisamente lo contrario a lo que aspiran). Se trata de dar prioridad a una clase de contenidos respecto a otros. La audiencia elige entre lo que tiene, no elige lo que quiere… No he visto nunca a nadie demandar espacios basuras. Sin duda, estamos ante la gran mentira de nuestro tiempo, y ante la premoción de Orwell en su libro “1.984” del que se originó Big Brother. Es mejor tenernos sin pensar, alienados a la realidad vacía de los “talk show”, y dejarnos que caigamos dormidos en nuestro sofá pensando que todo marcha bien… Pensándolo otra vez, la verdad es que la nieta de franco tenía lo suyo.

23 de octubre de 2006

Springsteen... Bull killer!

Tengo que reconocer que tenía un cierto resquemor de ir a ver a Bruce Springsteen a la ciudad de la Alhambra. La verdad es que no era para sentirlo así, más cuando se paga la pasta que costaba la entrada, pero acepté con la mera intención de rellenar uno de los casilleros que aún estaban vacíos en mi pequeña lista de conciertos de grandes estrellas del rock. Un tipo de vaqueros ajustados con paquete a lo wonderbra, pañuelo rojo en el cuello y camisa a cuadros, que es icono pacifista de un país en continúa discordia con el mundo, y con un último disco en el mercado homenaje a la música popular norteamericana; huele, cuanto menos, a hamburguesa pasada de McDonals. Aún así, había que intentarlo, y no hay nada que no me haga afirmar que fue un momento musical exquisito y emocionante.

El clima vital no podía ser más propicio después de mis últimas introspecciones en el universo musical de Johnny Cash (otro grande, pronto sacaré alguna entrada sobre él). Preparado con mi lazo metálico al cuello, y sombrero tejano robado a Dylan en su última y milagrosa aparición en Madrid, me encontraba capaz y decidido para iniciar la visita al rancho musical de Springsteen. Y así fue… Un escenario a modo de salón al más puro atrezzo de las pelis de John Ford, y dieciséis músicos acompañándolo con un instrumental plenamente tradicional, desde violines a trombones, pasando por un folklórico banjo y un piano de pared sacado del mini hollywood almeriense, hacían que el espectáculo musical estuviera garantizado. Lejos de cualquier efecto o artificio mecánico, el Boss se mostró inspirado, con una gran energía y con pleno dominio de las tablas y de los compases de su banda. Desde el primer momento supo ganarse al público, haciendo que el buen rollo fuera reciproco durante toda la actuación. Country, folk, gospel, rock´n´roll, blues… La revisión de estilos fue continúa y acertada, salpicando su repertorio con alguna pequeña joya de sus éxitos de siempre como “The River”, a la que le dio una vuelta de tuerca cambiando la armónica por un pito, y una alteración sugerente en la melodía del estribillo que imposibilitó a la grada – karaoke poder cantarla con la soltura deseada. Yanqui hortera como sólo él puede ser, y con sonrisas y gestos robados al Stallone más denigrante, dedicó una canción a Andalucía con la sapiencia de sacar a los presentes un encendido a aplauso. El ritmo del concierto tampoco fue para aburrirse, haciendo de las subidas de escalas el mejor de los efectos con el no perder fuelle en lo monótono que hubieran podido resultar los compases populares estadounidenses. Es alucinante ver en plena era tecnológica una banda de estas características, sin duda puede servir de cruel moralina a las nuevas generaciones de la distorsión y los samplers, con las que comulgo fielmente, pero que dejan mucho que desear al lado del sonido de una banda como la de ayer. El talante y la honestidad de este viejo rokero, no dejó indiferente a nadie, haciendo que cada canción un espacio en el que habitar durante los extensos tiempos duración, mucho más allá del 3:55 o del 4:05 estándar del pop – rock.

El de Sprinsgteen es un circo que ha sobrevivido el paso de los años, y al que ni si quiera las nuevas tendencias del mercado han logrado dejarlo en paro. Siempre hay sitio para la música de siempre, más aún si el maestro de ceremonias es este tipo de flagrante espíritu. Lo de ayer fue para quitarse el sombrero. Amigo Boss, mi más sincera enhorabuena... Bull killer!

Muerto al Vacío

Muerto al vacío. Como una lata de sardinas. Como una idea absurda que se conserva en la memoria. Sin colorantes. Sin aditivos. Vacío. Rodeado de otros de mi especie. Despiezado. Despreciado de mi propia espina. Para no hacer daño a mis consumidores. Para no dejar que me consuma la vida. Para no vivir perdido en un mar de aceite. Vacío. Como un agujero oscuro. Hacia el azul de la luna. Hacia el metal de mis sueños. Y me dejo caer. Y salto. Y me pierdo. En la desazón de la estrechez. En el fin de mis días vacíos. Sucio. Caduco. Inerte.

5 de octubre de 2006

Paloma (II)


Mi vida, fuimos a volar, con un solo paracaídas.
Uno sólo va a quedar, volando a la deriva.

Andrés Calamaro

Paloma (I)


Una paloma apoyada sobre el vértice de una antena de televisión saca fuerzas para cagar. Parece que ya nada tiene sentido. Ni a los roedores les queda mierda para ensuciar el mundo (...)

Fragmento de Oxígeno